El Ãno del Espiritu Santo por Charles Whitehead

"Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre. Por vuestra parte permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de poder desde lo alto." (Lc 24 ,49).

El Poder desde lo alto Obedeciendo estas palabras de Jesús, los discípulos se quedaron en la ciudad, recibieron el "poder desde lo alto", y luego predicaron el Evangelio por todo el mundo. Casi 2000 años después, en 1967, un grupo de estudiantes católicos de la Universidad de Duquesne se reunieron y oraron para ese mismo "poder desde lo alto". Lo que empezó entonces se llamó Renovación Carismática Católica. Como carismáticos, nuestra característica distintiva es que creemos que el papel del Espíritu Santo no ha cambiado, y que podemos experimentar su presencia, su poder y sus dones del mismo modo que los experimentaron aquellos primeros discípulos. En palabras de Juan Pablo II, "la aparición de la Renovación Carismática después del Concilio Vaticano Segundo fue un regalo especial del Espíritu Santo a la Iglesia" (14 de marzo de 1992). Hoy en día necesitamos aún más el "poder desde lo alto", así que ¿qué contribución debería hacer la Renovación Carismática a la vida de la Iglesia en 1998, el Año del Espíritu Santo?

Una Renovación que es CARISMÁTICA La Renovación Carismática debe seguir siendo una obra del Espíritu Santo y no convertirse en un movimiento humano o en una estructura burocrática. La historia ha visto fracasar demasiadas acciones del Espíritu Santo cuando la visión profética desapareció y el exceso de organización estranguló su vida. El Señor no bautiza sistemas o programas con su Espíritu. Bautiza a hombres y a mujeres. Debemos dejar que Dios sea Dios y que haga las cosas a su manera, no a la nuestra. Para todos nosotros existe el peligro de desa-rrollar un deseo excesivo de ser aceptados y aprobados. Tal deseo puede conducirnos a dejar de hacer esas cosas que hacen que otros se sientan incómodos. Por supuesto estoy pensando en el bautismo en el Espíritu, hablar en lenguas, profetizar, alabar al Señor con fuerza y orar por la sanación. Todos queremos ser aceptados, pero si esto significa el adecuarse a las opiniones de los hombres, entonces es un precio que no debe ser pagado. Hacerlo sería quitar el filo cortante de la obra del Espíritu Snto y rechazar sus dones. Quizá en el año del Espíritu Santo necesitamos que nos recuerden que el regalo de Dios a su Iglesia es una Renovación Carismática.

Una Renovación que es PROFÉTICA La Renovación Carismática no es una organización marginal. En su núcleo está el bautismo en el Espíritu Santo, a través del cual nuestras vidas se ven transformadas y nos vemos llamados a un nuevo compromiso con Jesucristo y su Iglesia. Como parte de nuestro amoroso servicio en la Iglesia estamos llamados a ser proféticos y a hablar en voz alta cuando las cosas están mal. No siempre nos va a hacer populares, pero porque amamos a la Iglesia tenemos el deber de contribuir con nuestros dones a su promoción. Exis-te una clara dimensión profética en la Renovación Carismática: asegurémonos de no estar suprimiéndola.

Una Renovación que es VALIENTE Caminar en el Espíritu es saber que en todo tenemos que vivir no por nosotros y nuestros propios esfuerzos, pero por la providencia del Padre de vida, amor y poder en Jesús su Hijo. Esto exige valor. Significa volverse de nuestro yo a Dios, de las obras a la fe, de la ley al Espíritu. Sabemos que estamos llamados a vivir una vida de fe según nuestra tradición Católica, pero esto debe hacerse en la libertad del Espíritu Santo (Ga 5). Cada uno tenemos nuestros propios dones y áreas de servicio particulares, y necesitamos el valor de permanecer fieles a nuestra llamada carismática. He aquí las principales cosas que creo que estamos llamados a hacer: enseñar y administrar el bautismo en el Espíritu Santo, explicar y utilizar los dones del Espíritu Santo, ser proféticos en la Iglesia y en el mundo, hacer discípulos, preparar dirigentes y hacer comunidad en nuestras parroquias, estar comprometidos en la intercesión y en la guerra espiritual, orar y trabajar por la unidad y la justicia.

Una Renovación que ORA Si queremos ver a Dios moverse en poder debemos estar dispuestos a dedicarnos a la oración. La vida espiritual de ningún cristiano se elevará y permanecerá por encima del nivel de su vida de oración. Del mismo modo, la vida de oración colectiva de la Iglesia nunca será mayor que las vidas de oración personal de sus miembros. Así que comprometámonos a la oración con toda la Iglesia para una nueva efusión del "poder desde lo alto" en 1998, el Año del Espíritu Santo. Necesitamos una Renovación que ore -qué reto- ¡pero qué oportunidad!

¡Ven, Espíritu Santo!

© 1998 Boletin de ICCRS, Vaticano, Europa. Charles Whitehead (Inglaterra) es el Presidente de los miembros del Consejo que representa al ICCRS en las Comunidades Carismáticas.